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JACUZZI AL PASADO

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La película, seamos sinceros, tenía todos los ingredientes para ser una respuesta petarda y en clave juerguista a títulos como Regreso al futuro. Además su apuesta ochentena que incluye cameos de Chevy Chase o Crispin Glover era sin duda un guiño nostálgico y gamberro a estas películas cuyo condensador de Fluzo acaban trasportándonos año tras año a la tierna infancia cinematográfica.

Pero la verdad dista mucho de las promesas iniciales. Un grupo de amiguetes se reúnen en el hotel donde pasaron una de las experiencias más unificadoras de su vida adolescente para animar a uno de sus colegas que pasa un mal momento. En realidad todos pasan un momento bastante penoso pero ya se sabe que la excusa nunca viene mal. En la habitación deciden correrse una juerga alcohólica en el Jacuzzi y despiertan la resaca en los terribles años ochenta para reparar, recuperar o mantener las acciones de aquel fatídico fin de semana que cambió (o cambiará) el resto de sus vidas.

La idea, así en frío, es demoledora y tan surrealista que podría haber funcionado. Pero claro, cuando vemos que el cabeza de cartel es el irregular John Cusack y viendo la trayectoria que lleva cabe prever el desastre. A pesar de que efectivamente a los pocos minutos se convierte en una cinta previsible, algo aburrida y notablemente absurda lo que de verdad acaba de tira “para atrás” es la vena “Porky’s” en la que acaba degenerando hacia la mitad del metraje dejando de lado cualquier guiño a las películas de viajes en el tiempo y centrándose en las payasadas de adolescentes ochentenas (siempre recordando que se encuentran en cuerpos/mentes de adultos).

Jacuzzi al pasado no es una gran película, ni siquiera una recomendación decente para ver en el cine. Puede sorprender, quizás, cuando se estrene en televisión y el peso de la entradazo pese en la decisión definitiva de darle una oportunidad.


PROS: Las ideas interesantes que se lanzan al aire y los guiños a Regreso al Futuro, por no hablar de los cameos.

CONTRAS: Que al final decide derivar en un humor soez y chabacano.

LA VIDA SIN GRACE

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John Cusack se ha convertido en un actor impredecible. Antes también lo era pero las sorpresas solían siempre ser para bien. Últimamente sin embargo la cosa no está tan clara. La Vida sin Grace es un dramón de órdago a la grande.

Stanley Phillips no parece un tipo especialmente feliz. Tiene un trabajo mediocre en un almacén de muebles del hogar y parece abocado a se una suerte de ama de casa mientras su mujer militar está ausente en una misión. Detrás de esa cara entre pánfila y abotargada y sus andares arrastrando los pies lleva una carga que no se descubrirá hasta bastante más adelante. Cuando los militares aparecen en la puerta de la casa sabe lo que van a decirle pero parece que esa sensación de que lo que no se escucha en alto no existe le impide hacerles pasar en un primer momento y le lleva a ejercitar la misma maniobra con sus hijas. Dos pequeñas de 8 y 12 años que al regresar del colegio no saben que su madre ha fallecido. Incapaz de confesárselo decide iniciar un viaje en coche cruzando varios estados para llevarles a un parque temático mientras intenta encontrar el valor de decir en alto lo que sólo se atreve a confesar a la voz del contestador de su casa.

A ratos delicada y nostálgica y en oras ocasiones estacada gracias a las reflexiones y lecturas patrióticas y políticas que son ajenas a los personajes y por supuesto al espectador medio consigue caminar haciendo aguas con algo de dignidad apoyándose sobre todo en sus hijas que resultan de vital importancia para unificar un irregular y abotargado Cusack no se sabe si por exigencias de un director desmedido a la hora de exteriorizar el drama.

La vida sin Grace cuando agota la autocompasión se estanca y genera un cierto tedio que hace que la concepción del tiempo y el espacio se difuminen y lo que tan sólo son 90 minutos bien podarían ser dos horas para terminar, como siempre, con una palmadita en la espalda que deja un sabor más amargo que la perdida de Grace.


PROS: Las dos niñas

CONTRAS: Las lecturas patrióticas de su protagonista.

1408

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Se acaba de presentar en el festival de Sitges 2007 con una sensación de “ni frío ni calor” y será la encargada de cerrar el certamen con su segundo pase de proyección.


El relato está basado en un cuento corto de Stephen King y bien pudiera haberse quedado en un corto de ficción interesante. Pero desgraciadamente 1408 cuenta sólo con los nombres de sus protagonistas para atraer al público a la sala.


La historia suena a sabida. Un escritor mediocre (Cusack) tras haber publicado una novela brillante se ha especializado en Guías para Turistas de lo esotérico y viaja por todo Estados unidos para encontrar los hoteles con fantasma más aterradores. Una postal le invita a visitar el Hotel Dolphin donde una habitación, la 1408, tiene un índice de mortalidad entres sus huéspedes tan alto que han decidido hasta cerrarla. Con al intención de comprobar cual terrorífica es se persona en el hotel donde su director (Samuel L. Jackson) le intenta convencer de que no es una buena idea pero John Cusack, nuestro “intrépido” escritor, se mete de lleno en la habitación que poco a poco va jugándole malas pasadas. La pena es que estamos ya un poco hartos de escuchar la misma historia de la boca del famoso y ya sobre valorado escritor sobre personajes atormentados que dedican su vida a enterrarse bajo los libros que ellos mismos escriben. Sobre todo la reciente La Ventana Secreta es un fantasma que planea sobre esta cinta.


Leyendo atentamente esta sinopsis ¿nadie le viene a la mente “El Resplandor”? ¿Y a tantas otras? Es este el principal punto débil de la película, se tiene la sensación de Deja vu desde el primer instante en que el personaje de Cusack cruza la puerta de la habitación encantada. Y es anecdótico ya que debo reconocer que la primera parte, aproximadamente los primeros 40 minutos, posee una factura impecable con la dosis justa que hace presagiar que veremos un gran film de suspense y tensión que se deshace el aire quedándose en un manojo de tópicos del cine de terror.


La solución del director es intentar sorprender con varios giros inesperados que resultan un poco forzados y pueriles y al ser descubiertos incluso decepcionan al espectador. La pena es que no tengo muy claro hasta que punto debo echarle la culpa al director, al guionista o al propio King. Si me tuviera que arriesgar diría que los productores deberían buscar ideas en otros escritores y darnos un respiro.


Posdata. Para los amantes y detractores de Samuel L. Jackson (que me consta que hay muchos) en realidad es un secundario pero ya sabéis que queda muy bonito en el cartel.



PROS: Los primeros cuarenta minutos de la cinta.


CONTRAS: Que pierde el rumbo irremediablemnte después y no sube a flote hasta el final.