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LOS HOMBRES QUE MIRABAN FIJAMENTE A LAS CABRAS

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Tras este escueto y descriptivo título nos encontramos ante una película plagada de estrellas en tono de comedia con momentos de incuestionable gracia mezclados con un poco de hastío.

Ewan McGregor es un periodista de segunda cuyas aspiraciones profesionales y personales son sencillas pero un fracaso, tras ser abandonado por su esposa por su editor decide que quizás sea e momento de viajar a la guerra para convertirse en un periodista de verdad. Allí, en la frontera es donde choca con la burocracia y conoce a un misterioso personaje que fue nombrado por uno de sus últimos entrevistados, George Clooney, según sus fuentes ese individuo es un gran guerrero mental (sea lo que sea eso). Así que ni corto ni perezoso acaba embarcado en una loca misión en la que su protector confesará ser parte de un experimento psíquico del gobierno para entrenar a soldados y convertirlos en guerreros Jedi. Entre sus habilidades está la de reventar nubes, controlar la mente e incluso mirar fijamente a animales y… ¡matarlas con la mente!

Como es de prever la consistencia argumental de semejantes hechos a pesar de que recen ser “más ciertos de lo que parece” son el principal lastre de la historia que se queda en una falsa seriedad que resta gracia a su loco planteamiento.

Lo más destacado es sin duda el elenco que consigue arrancar un buen número de risas. Primeramente el hippie Jeff Bridges en su año de gracia y en segundo lugar el malévolo Kevin Spacey que mantienen siempre ese aspecto elegante e imparcial independientemente de la caladura del proyecto. Para dar de comer a parte es la pareja protagonista que despierta más reticencias al enfrentarnos con un Clooney algo agarrotado que podía convertirse en un excelente cómico si diese rienda suelta a su gestualidad (si es que la tiene) y Ewan McGregor que es blandito en el género de la comedia pero como siempre queda muy bien en pantalla.


PROS: Oír a Ewan McGregor decir "¿Qué es un Jedi?”, el mismo tío que fue Obi Wan Kenobi.

CONTRAS: Que lo absurdo de la historia hace perder un poco el interés al no llegar a la parodia absoluta.

21 BLACKJACK

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Dicen que Kenvin Spacey está un poco harto de hacer cine. Ahora sólo acepta proyectos que le resultan interesantes retos. Es un efecto secundario de creerse europeo, vivir en Londres y dirigir el Old Vic (teatro de racio abolengo en tierras inglesas) donde además suele reservarse siempre algún papel principal y si le apuran también las direcciones. Pero si contrastamos estas opiniones con los proyectos que elige para el cine nos daos cuenta de que o ha perdido totalmente el juicio a la hora de saber diferenciar entre el buen cine y el malo (Superman, 2 Blackjack y ahora la segunda parte del superhéroe con calzoncillos por fuera de la malla) o podríamos decir que sigue moviéndose por otra gran y digna afición mucho más mundana como son los billetes de color verde que le llueven desde USA.


Algo si se le puede reconocer a Kevin y es que ha dado un paso más y ahora su nombre no sólo adorna los carteles si no que aparece muy juntito al de productores de los grandes estudios porque si de esa forma rentabiliza aún más su incursión americana le deja más calma para dedicarse a su teatro entre film y film.


21 Black Jack es un éxito en estados Unidos y lo será en España por razones obvias. Se trata de un producto de consumo rápido con una buena factura. ¿recordará alguien el título de esta cinta en unos cuantos años? No. Bueno, no a no ser que pase lo que parece inevitable: que Jim Sturgess se convierta en la nueva estrella británica del momento desbancando a Jude Law que está de capa caída o a Joseph Fiennes que no atina desde hace algún tiempo. Las masas sedientas de carne nueva tienen en el punto de mira a este ingresito con talento interpretativo y musical y que tras muchos proyectos de secundario consiguió convertirse en Jude en Across The Universe y poco después se coló discretamente como hermano de las más tórridas Bolena. Jim Sturgess ha venido para quedarse si me lo preguntan. Con esa mezcla naïf, europea y sofisticada puede dar mucho que hablar en los próximos años.


Ben Campbel es un joven brillante que pretende conseguir una beca que le permita cursar estudios superiores en la universidad de medicina de Harvard. En la primera entrevista se lo dejan muy claro. Debe impresionarles para conseguir ese dinero. La cosa no parece sencilla para un muchacho con escasa vida social y cuyo mayor esfuerzo se ve focalizado en conseguir ganar un proyecto de ciencias con sus amiguetes. Pero entonces un profesor le descubre. Con el potencial que tiene para los números puede formar parte de un “proyecto extraescolar” que consiste en ir de excursión a Las Vegas y ganar tanto dinero que no deberá preocuparse por esa beca ni por el dinero en bastante tiempo. Es tentador, atrayente y no puede resistirse.


Toda película donde la gente juega a las cartas y encima hace trampas es entretenida. Si, predecible, pero entretenida. No busquemos el colmo de la sofisticación, ya hemos visto partidas de póquer memorables y auténticos alegatos a favor del juego en Las Vegas. Hemos visto lo mejor y lo peor y si queremos profundizar aún más con media docena de episodios de la serie con el mismo nombre nos podemos hacer a al idea de los tramposos que pululan por los casinos queriendo saltar la banca. Pero afortunadamente no estamos ante una película sólo sobre juego. Es algo un pelín más sutil.


Reconocimiento, poder, ambición, fracaso y venganza en las dosis justas para convertir el libro “Bringing Down The house” en una película para todos los públicos vagamente inspirada en hechos reales.



PROS: Jim Sturgess y no seguir la senda de la aburridísima Lucky You!.


CONTRAS: Plana, lineal y predecible.

FRED CLAUS: EL HERMANO GAMBERRO DE SANTA CLAUS

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Las gamberradas navideñas son bastante decepcionantes. Y que en el cartel aparezcan Vince Vaughn, Paul Giamatti, Rachel Weisz, Kevin Spacey, Kathy Bates, Miranda Richardson, o John Michael Higgins, es un gancho que pocos cinéfilos pueden dejar pasar pero en realidad es como esas trampas para conejos. Sabes que si te metes a comer la zanahoria la puerta va a caer y te vas a quedar encerrado en la jaula esperando a recibir el golpe de gracia.

Fred es el hermano mayor de Santa. Como todos sabemos los Santos quedan congelados en el tiempo y todos sus familiares y conyuges se ven beneficiados por esta prerrogativa divina. Pero igual que el gordo San Nicolas es un buen tipo su hermano mayor que ha vivido a su sombra desde pequeño se ha dedicado a pasar cientos de años malviviendo y trapicheando mientras su hermano menor ganaba el respeto de los americano a base de dejar regalos en nochebuena. Pero en los tiempos que corren ni el negocio de la navidad está a salvo y el malo malísimo Kevin Spacey se persona para hacer una inspección en el polo y cerrar el chiringuito. El feliz acontecimiento coincide con la forzada visita de Fred en busca de dinero lo que pone en bandeja de plata la cabeza del hombre gordo vestido de rojo.


Si comparamos Fred Claus con el resto de películas del género posiblemente saliese bien parada ya que en cierta forma a pesar de su humor pueril y blanco tiene lo que pocas otras, es decir ese plantel de actores que la pueden hacer más amena y solvente. Debo reconocer que hay tres momentos cinéfilos muy entretenidos que consiguieron sacarme una sonrisa sincera: el grupo de apoyo de hermanos ninguneados (autocrítica Baldwininana y el momento capa roja al mismísimo Lex Luthor y el favorito por todos los antinavideños: el ataque físico hacia la figura de Santa Claus con arrancamiento de cabeza incluido.


En resumen, Fred Claus es prescindible pero posiblemente menos molesta que la decimotercera parte de la que quiera presentar Disney esta navidad.



PROS: El grupo de apoyo de hermanos ninguneados (autocrítica Baldwininana y el momento capa roja al mismísimo Lex Luthor y el favorito por todos los antinavideños: el ataque físico hacia la figura de Santa Claus con arrancamiento de cabeza incluido.


CONTRAS: Pésimo guión.