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ÁGORA


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Debo reconocer que Alejandro Amenabar es uno de esos directores que se enfrenta con mi concepción del cine. Ha realizado pocas películas pero cada una ha conseguido ser más esperada y generar más expectación que la anterior. Cuando el señor Tom Cruise se fijó en el muchacho ya había reventado la Academia de Cine española con una buena cantidad de Goyas atreviéndose a hacer un thriller sobre las Snuff movies. Su Abre los Ojos consiguió dispares críticas que sirvieron para que la productora americana organizara el remake pero sobre todo para que le dejaran pasta para rodar una cinta de miedo con Nicole Kidman a la cabeza. Con los pies en la tierra regresó con un drama lacrimógeno sobre la eutanasia que volvió a recordar el pulso narrativo del joven director y ahora con más dinero en los bolsillos vuelve a Hollywood y se rodea de estrellas para recrear la antigua Alejandría con Rachel Weisz a la cabeza y una dosis ingente de efectos visuales para enfrentarse con la religión, las ideas obsesivas de los filósofos, eruditos, nobles, religiosos y demás ciudadanos sobre la astronomía, la literatura, el rol de la mujer y el libre pensar.

A pesar de tener tales ingredientes y contar con una interesante recreación de época Amenabar dota a su película de una falsa profundidad y de un nefasto sentido del ritmo recordando aquellos peplums mohosos con tintes cristianos pero sin suficiente trasfondo o acción para cuajar.

El resultado es que tras algunos planos brillantes y de simbología circular la ilusión de la película se diluye en la historia con una protagonista, Hipatia, errática que sirve en ocasiones como mera excusa o nexo de unión.

El nuevo giro de géneros de Amenabar busca sorprender pero se queda estancado en los efectos digitales de un viaje a la antigüedad donde sólo algunos atisbos de originalidad salen de entre los diálogos y discursos tremendamente efectistas que pretenden dar un poco de cancha a los alardes ateos y feministas del director.


PROS: El cuidado de los planos del director español.

CONTRAS: Que el género épico le queda grande.

DEFINITIVAMENTE QUIZAS.

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Desde que Ryan Reynolds, el protagonista de esta cinta, y Scarlett Johansson anunciaron que estaban comprometidos no he visto más que reportajes en radio, televisión y revistas diciendo lo afortunado que era el muchacho por haber cazado a una de las bellezas más famosas y rutilantes del momento. Quiero aprovechar para decir que yo lo veo al revés. Guapo, simpaticón, atractivo y con cierto éxito Ryan es también un buen partido. Vamos que si la Johansson se cansa de él me lo puede pasar que no le voy a hacer ascos.


Definitivamente, quizás ha sido lanzada y “marketizada” como una comedia sobre el amor verdadero de dimensiones épicas. Mentira. Dicen sus guionistas que su intención era volver a las antiguas historias de amor que se contaban en el cine, esas que transcurrían durante media vida y en donde se conocían a los personajes a lo largo de su evolución. Alguno insensato dijo incluso que había muchos puntos en común con “Que Bello es Vivir”. Alguno que seguramente había bebido. Lo único que tiene en común esta comedia con los clásicos es, posiblemente, su desmedida duración.


Tras una clase de sexualidad en el cole Will (Reynolds) tiene que explicar a su hija Maya (Abigail Breslin, la de Pequeña Miss Sunshine o la catastrófica La isla de Nim) la historia de cómo conoció a su madre (nada que ver con la gracia de la serie casi homónima). Para ello se remonta diez años atrás y explica sus relaciones con tres jovencitas mientras estaba en plena campaña del Presidente Clinton.


La mezcla entre la comedia, la política, el estilo de vida y el amor y el éxito es una constante en casi todas las producciones de la Working Title que parece especializada en este tipo de cintas de consumo rápido y larga vida de videoclub pero posiblemente sea de las peores generadas por la compañía que cuenta en su haber con todos los clásicos de la comedia romántica de última generación ( Bridget Jones, Love Actually o Nothing Hill) pero nada de ellas permanece en esta ñoña, sosa y poco interesante propuesta que apenas logra hacer aparecer un par de sonrisas en un espectador hastiado de grandes historias de amor y que se huele los “happy endings” desde que salen los títulos de crédito.



PROS: El fugaz Kevin Kline


CONTRAS: Desaprovechar a Rachel Weisz.



FRED CLAUS: EL HERMANO GAMBERRO DE SANTA CLAUS

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Las gamberradas navideñas son bastante decepcionantes. Y que en el cartel aparezcan Vince Vaughn, Paul Giamatti, Rachel Weisz, Kevin Spacey, Kathy Bates, Miranda Richardson, o John Michael Higgins, es un gancho que pocos cinéfilos pueden dejar pasar pero en realidad es como esas trampas para conejos. Sabes que si te metes a comer la zanahoria la puerta va a caer y te vas a quedar encerrado en la jaula esperando a recibir el golpe de gracia.

Fred es el hermano mayor de Santa. Como todos sabemos los Santos quedan congelados en el tiempo y todos sus familiares y conyuges se ven beneficiados por esta prerrogativa divina. Pero igual que el gordo San Nicolas es un buen tipo su hermano mayor que ha vivido a su sombra desde pequeño se ha dedicado a pasar cientos de años malviviendo y trapicheando mientras su hermano menor ganaba el respeto de los americano a base de dejar regalos en nochebuena. Pero en los tiempos que corren ni el negocio de la navidad está a salvo y el malo malísimo Kevin Spacey se persona para hacer una inspección en el polo y cerrar el chiringuito. El feliz acontecimiento coincide con la forzada visita de Fred en busca de dinero lo que pone en bandeja de plata la cabeza del hombre gordo vestido de rojo.


Si comparamos Fred Claus con el resto de películas del género posiblemente saliese bien parada ya que en cierta forma a pesar de su humor pueril y blanco tiene lo que pocas otras, es decir ese plantel de actores que la pueden hacer más amena y solvente. Debo reconocer que hay tres momentos cinéfilos muy entretenidos que consiguieron sacarme una sonrisa sincera: el grupo de apoyo de hermanos ninguneados (autocrítica Baldwininana y el momento capa roja al mismísimo Lex Luthor y el favorito por todos los antinavideños: el ataque físico hacia la figura de Santa Claus con arrancamiento de cabeza incluido.


En resumen, Fred Claus es prescindible pero posiblemente menos molesta que la decimotercera parte de la que quiera presentar Disney esta navidad.



PROS: El grupo de apoyo de hermanos ninguneados (autocrítica Baldwininana y el momento capa roja al mismísimo Lex Luthor y el favorito por todos los antinavideños: el ataque físico hacia la figura de Santa Claus con arrancamiento de cabeza incluido.


CONTRAS: Pésimo guión.