La oveja Shaun: Misión calabaza, una nueva aventura para reivindicar el talento de Nick Park y la magia de la animación en plastilina

Ver cómo un puñado de plastilina, unas cuantas expresiones imposibles y un trabajo artesanal casi milimétrico pueden convertirse en una película capaz de hacer reír a espectadores de todas las edades. Y si hay alguien que lleva décadas demostrando que no hace falta una animación hiperrealista ni un aluvión de diálogos para conquistar al público, ese es Nick Park.

Con el estreno de La oveja Shaun: Misión calabaza, Aardman vuelve a recordarnos por qué sus personajes forman parte de nuestro imaginario colectivo. Una nueva aventura que llega en plena temporada de Halloween y que, además de ofrecernos una divertida historia familiar, nos permite recuperar el cariño por uno de los grandes nombres de la animación contemporánea.

Nick Park: el hombre que convirtió la plastilina en leyenda

Cuando hablamos de Nick Park, hablamos de uno de esos creadores capaces de construir un universo reconocible con apenas unos segundos de animación. Su nombre está inevitablemente ligado a Wallace y Gromit, pero su trayectoria va mucho más allá de esta entrañable pareja.

Park comenzó a desarrollar los personajes de Wallace y Gromit durante su etapa como estudiante de animación. Su primer cortometraje, A Grand Day Out, acabaría convirtiéndose en el punto de partida de una de las sagas más queridas de la historia de la animación. Después llegarían Creature Comforts, The Wrong Trousers y A Close Shave, trabajos que consolidaron su talento y le llevaron a conseguir cuatro premios Oscar a lo largo de su carrera.

Y es que lo de Park no es solamente una cuestión de técnica. Su gran habilidad está en conseguir que sus personajes parezcan tener vida propia. Que una ceja levantada, una mirada de preocupación o un movimiento torpe sean suficientes para construir una escena cómica completa.

Porque hay algo especialmente bonito en imaginar que alguien que ha creado personajes tan queridos pueda llevarlos también a su entorno cotidiano. Es una forma de entender el arte como algo que no termina cuando acaba la película.

Wallace, Gromit y Shaun: personajes que nos han robado el corazón

Si hay una pareja que merece un lugar privilegiado en nuestra memoria cinematográfica, esa es la formada por Wallace y Gromit. El inventor despistado, su pasión por el queso y sus inventos imposibles, acompañado de un perro que, sin pronunciar una sola palabra, parece tener más sentido común que todos los humanos que le rodean.

Wallace y Gromit son un auténtico clásico. Su humor, sus aventuras y esa capacidad de convertir las situaciones más cotidianas en disparatadas peripecias nos han conquistado generación tras generación.

Pero tampoco podemos olvidarnos de Shaun, que apareció por primera vez en el cortometraje A Close Shave, junto a Wallace y Gromit, antes de convertirse en protagonista de su propia serie y de sus aventuras cinematográficas. 

La oveja Shaun es otro de esos personajes que no necesitan presentación. Su curiosidad, su ingenio y su particular manera de meterse en problemas la convierten en una protagonista maravillosa. Y, aunque su universo es diferente al de Wallace y Gromit, comparte con ellos esa esencia que hace que las producciones de Aardman sean tan especiales.

El valor de un cine que no necesita palabras

Una de las cosas que más me gustan de las películas de Shaun es su capacidad para contar historias sin necesidad de recurrir a los diálogos.

Estamos tan acostumbrados a que los personajes hablen constantemente, a que expliquen sus sentimientos y a que verbalicen cada paso de la trama, que a veces olvidamos lo poderoso que puede ser el lenguaje visual.

El humor de Shaun es universal. No importa el idioma, el país o la edad del espectador: una caída inesperada, una expresión de desconcierto o un plan que sale terriblemente mal pueden provocar una carcajada en cualquier parte del mundo.

Y esto tiene un valor añadido cuando hablamos de cine familiar. Muchos niños no están acostumbrados a este tipo de películas, en las que la historia se construye a través del movimiento, las expresiones y el humor físico. Es una pena, porque precisamente este tipo de propuestas pueden convertirse en una puerta de entrada maravillosa al mundo de la animación.

Además, son especialmente recomendables para aquellos pequeños espectadores a los que les encanta el humor físico y visual. Para quienes disfrutan viendo cómo los personajes se meten en líos, improvisan soluciones imposibles y terminan provocando un desastre todavía mayor.

Y no podemos olvidar el trabajo que hay detrás. La animación stop-motion requiere una paciencia y una precisión extraordinarias. Cada movimiento, cada gesto y cada cambio de expresión se construyen fotograma a fotograma. Es un trabajo artesanal que merece ser valorado y que, en plena era de la animación digital, sigue teniendo una personalidad absolutamente única.

La oveja Shaun: Misión calabaza, una aventura monstruosamente divertida

 En esta nueva entrega, Shaun y el rebaño se preparan para celebrar Halloween en la granja Mossy Bottom. Todo parece estar listo para disfrutar de una noche terrorífica, hasta que el torpe Granjero acaba destrozando el huerto de calabazas.

Shaun decide entonces convertirse en una especie de científico loco para intentar solucionar el problema. Pero, como suele suceder en sus aventuras, las cosas no salen exactamente como esperaba. El Granjero desaparece y una misteriosa bestia comienza a merodear por los bosques de Mossingham.

El resultado es una aventura llena de experimentos disparatados, sustos, carreras y situaciones absurdas que encajan a la perfección con el universo de Shaun.

La película está dirigida por Steve Cox y Matthew Walker, y mantiene esa combinación de humor físico, creatividad y ternura que caracteriza a las producciones de Aardman. 

Y, aunque la historia está especialmente pensada para disfrutarla en familia, lo cierto es que también tiene ese punto de nostalgia que hará las delicias de quienes llevamos años acompañando a estos personajes.

Es una película divertida, entrañable y muy de Halloween. Una de esas propuestas que encajan perfectamente con una tarde de cine en familia, especialmente si tenemos pequeños espectadores a los que les gusta el humor visual y las historias con un toque de misterio.

Una película para recuperar cada Halloween

La oveja Shaun: Misión calabaza es una de esas películas que nos recuerdan por qué el cine de animación puede ser tan especial. Por su capacidad para hacernos reír, por su trabajo artesanal y por la magia de unos personajes que llevan décadas acompañándonos.

Y, sobre todo, por reivindicar una forma de hacer cine que no necesita grandes discursos para emocionar o divertir.

Si todavía no habéis tenido ocasión de verla, os recomiendo que corráis al cine antes de que desaparezca de la cartelera. Porque, aunque su estreno está ligado a Halloween, tiene todos los ingredientes para convertirse en una de esas películas que recuperamos cada año cuando llega octubre.

Una aventura monstruosamente divertida, perfecta para disfrutar en familia y una nueva oportunidad para celebrar el talento de Nick Park y el maravilloso universo de Aardman.

¡Una auténtica joya de plastilina que merece un hueco en cualquier Halloween que se precie!

Publicar un comentario

Copyright © El lado oscuro del celuloide. Designed by OddThemes