El sacrificio de un ciervo sagrado

Película: El sacrificio de un ciervo sagrado. 
Director: Yorgos Lanthimos. 
Intérpretes: Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassidy, Sunny Slujic. 
Proyección: Golem. 
Afluencia: 19 personas. 
Valoración: 2. 



Se basa en el mito de Agamenón e Ifigenia en el que él mata antes de ir a Troya con sus naves a uno de los ciervos de la diosa Diana. Ella le pide a cambio de reparar esa muerte y dejar salir a sus naves, detenidas por los vientos, un sacrificio y será el de su propia hija. Este argumento es trasladado a la actualidad con las dificultades que conlleva por la credibilidad de una historia así en nuestros tiempos. Pero el compatriota de estos personajes, intentando seguir los caminos del más reputado director heleno, que es Michalis Cacoyannis, con sus adaptaciones de textos antiguos, aunque de él recordemos "Zorba, el griego", se atreve al más difícil todavía. Cuando se dio a conocer con "Canino", obra que logró ser candidata al óscar en el apartado de habla no inglesa, se nos reveló con una obra crítica con nuestro mundo, con violencia soterrada y un humor particular. Posteriormente ha rodado en inglés y la obra que me ocupa ganó el premio al guión. La cinta promete con un insólito Farrell y una renovada Kidman y el comienzo estremece y el comienzo de la historia con esa amistad comenzada fuera de nuestros ojos tiene interés pero deviene en el absurdo pues de tal es calificar esa relación entre ese médico con una vida aparentemente cimentada y un chico que pierde a su padre por una negligencia del galeno. Lo demás entra en una espiral de estupideces, de sexo picante sin sentido, cambios de guión ridículos (la petición del sacrificio como si fuese un medium, las enfermedades repentinas...), reacciones convencionales y muchas veces vistas (la familia idílica ya no lo es tanto y se vuelven agresivos). A pesar de las imágenes frías (esos pasillos) y esos movimientos de cámara logrados me hacen exclamar "Y qué". Para colmo los actores parecen autómatas y da pena ver así a la ex de Cruise y la falta de registros indigna más. Por lo menos no es demasiado larga pero me importa más acabar que saber quién va a ser al víctima. Lo peor que he visto este año y eso que en Cannes se llevó el premio al guión. No parece que hubiese buena cosecha el pasado año.

Memorias de una Geisha

Título original: Memoirs of a Geisha
Año:     2005
Duración:    145 min.
País: Estados Unidos

Dirección:  Rob Marshall
Guion: Robin Swicord (Novela: Arthur Golden)
Música:  John William s
Fotografía: Dion Beebes
Reparto: Zhang Ziyi, Ken Watanabe, Gong Li, Michelle Yeoh, Suzuka Ohgo, Cary-Hiroyuki Tagawa, Youki Kudoh
Productora:  Columbia Pictures / DreamWorks SKG / Spyglass Entertainment / Amblin Entertainment
Géne:    Romance. Drama | Drama romántico


Memorias de una Geisha es una película inusual. Primero porque tira sin escrúpulos del encanto de japón y se centra en la novela homónima de Arthur Golden. A pesar de que se publicó en 1997 hay que reconocer que se convirtió en un bestseller y llamó la atención de los más grandes, entre ellos su director Rob  Marshall que es muy ducho en esto de las adaptaciones y nada más y nada menos que Steven Spielberg a la producción. La película en realidad es la historia de como en Japón se educa a las niñas con firmes objetivos y que una característica especial como que sus ojos tengan un color especial puedan significar el éxito o el fracaso.

Mientras la novela tiene un ritmo y una cadencia excepcionales hay que reconocer que la película peca de melodrama grandilocuente. Se salva con la excelente ambientazión centrada en el apasionante mundo de las casa de Geishas que siguen siendo uno de los temas más controvertidos pero también tradicionales de la cultura nipona. cede ante los clásicos amagos de literatura romántica y no puede dejar de tropezar con las piedras del amor romántico o acabar anclándose en las piedras comunes de la guerra mundial, el contraste de clases, los sueños de una vida mejor o las relaciones familares de un modo un tanto simplista. es por eso que la novela resulta atrayente y en la pantalla se difumina en un montón de escenas preciosistas y un elenco un poco raro. La parte más confusa vino por las elecciones de actrices chinas en lugar de japonesas y a las profesiones a las que se les vinculó por su nacionalidad. Cosa totalmente razonable si se conoce un poco la cultura de este país. Eso por no hablar de lo surrealista de ver a chinas hablando en inglés con acento japones. Cuanto menos merece una mención especial al surrealismo de Hollywood. La cosa no acabó como le rosario de la aurora pero se saldó con una taquilla más bien decepcionante y una nota para la crítica que no rozaba ni el aprobado. A pesar de ello recibió una buena ristra de premios, desde la música de John Williams a las ambientaciones, maquillajes y vestuario que eran en realidad la gran baza de esta cinta.

Si que podemos salvar su meritoria incursión en el mundo de las casas de Geishas. No es fácil reflejar lo que se vive en esa cultura milenaria, su significado y además conseguir que un público europeo, o en su defecto occidental, comulgue con una serie de valores que están tan arraigados en la cultura de Japón. Adentrarse en los adiestramientos de una Geisha es un misterio por descubrir y un merito que se puede colgar a la película, no siempre es sencillo plasmar algo tan tabú, tan escondido y confuso y mezclarlo con tantos temas sociales y familiares. Comprendiendo a los que se sienten frustrados por no encontrar la horma de la novela en las dos horas de duración de su metraje debo decir que si lo miras con ojos nuevos puedes dejarte seducir por un par de cosas que, cuanto menos, son resultonas.

Verano 1993


Película: Verano 1993.
Directora: Carla Simón.
Intérpretes: Laia Artigas, Bruna Cusi, David Verdaguer, Paula Robles, Paula Blanco.
Proyección: Renoir.
Afluencia: 79 personas.
Valoración: 8.




Con tanto personal vendo esta película de actores desconocidos, debutantes en algunos casos y un ¡QUÉ BUENA ES! ya hacen una crítica y además dejando por los suelos esas absurdas peleas de catalanes y españoles como debe ser sin darse la espalda y acudir a las salas por la calidad y no por filias o fobias. Y mucho de lo escrito y dicho, en mi opinión no desmerece para nada pues se puede ver en pantalla a una niña sufriente, desconcertada ante su nueva vida tras la muerte de su madre en una ciudad y la convivencia con unos tíos, ya padres adoptivos y una prima más pequeña. Todo el peso lo lleva con talento Laia Artigas, a la que ya se compara con Ana Torrent pero lo esencial es que la directora la lleva por caminos identificables y una expresión es suficiente para ver la dificultad de la integración y la vemos evolucionar junto a su prima pequeña y la debutante directora acierta plenamente al poner la cámara en ellas, dejando casi a un lado a los mayores, los cuales suelen estar al fondo del plano y nos enteramos de sus conversaciones como si ocupásemos el lugar de las pequeñas. Todo un acierto para centrarnos en un drama intimista, a ratos terrible pues la protagonista tiene reacciones fáciles de reconocer y acorde con su edad. No hacen falta las tramas de los mayores para asombrarnos, enfadarnos, tener conmiseración y hasta reírnos con las jugarretas de esta criatura. Además no hace alardes técnicos, no se echa de menos la banda sonora, la ambientación (nos situamos en la época gracias a la emisión en televisión de "D'Artacán"). Podía también hablar de la desmembración de los  Balcanes y de la antigua Unión Soviética, época de cambios también pero muchas veces basta una pincelada para situarnos en una historia que es posible vivir en cualquier momento. Carla Simón pone en pantalla su propia vida en ese año y se nota pero sin regodearse en la nostalgia pues lo mostrado para nada es deseable vivirlo, por mucha comprensión (la actitud de los mayores, lo más flojo del film por su cercanía a un buenismo no propio todavía de ese año). El final muestra una escena maravillosa centrada en lo sucedido a la madre fallecida y dicho con gran sensibilidad y poniéndose en lugar de la infante. Película muy recomendable donde los niños son vistos como tales sin el filtro de los adultos y con un gran realismo.

Una mujer fantástica


Película: Una mujer fantástica.
Director: Sebastián Lelio.
Intérpretes: Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco, Aline Küppenhelm, Amparo Noguera.
Proyección: Renoir.
Afluencia: 46 personas.
Valoración: 3.



Bajo este título propio de un serial de antaño se esconde una historia que debería ser superada como la transexualidad pero todavía hay mucho que andar en esa normalidad. Lo hace con un planteamiento interesante pues la protagonista lleva una vida feliz con su pareja, mucho más mayor que ella y con una buena posición social. Pero todo se derrumba ante su repentina muerte y las sospechas de la policía y la codicia, más allá de prejuicios de los familiares del finado. Pero a mitad de película se acaba lo que tenía que contar y pasa a ser una serie de estampas con aires de cine de autor (la recurrencia a los espejos, las apariciones del fallecido) o escenas incoherentes y hasta estúpidas (el tanatorio, el crematorio, los coches...). A la salida del cine no sé las pretensiones del chileno Sebastián Lelio, si una denuncia o un culto a la personalidad de Daniela Vega, actriz incipiente y cantante de ópera, la cual sabe bien su papel por su propia experiencia de transgénero. Ella atrae la atención de la cámara con su rostro anonadado, ido, confuso, descolocado. Lo malo el no tener a nadie quien le dé una réplica adecuada para realzar su papel pues sus amigos son episódicos y la familia de su amado es grotesca. De buenas intenciones está empedrado el infierno y a él mando a esta obra ganadora en Berlín al guión y aclamada, ya aspirante a premios en la próxima temporada. Como curiosidad decir que los productores son Ricardo Larraín ("el club", "Neruda") y Maren Ade ("Toni Erdmann"), entre otros.

Detroit


Película: Detroit.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Intérpretes: John Boyoga, Algee Smith, Will Poultier, Jack Remar, Ben O'Toole.
Proyección: Renoir.
Afluencia; 57 personas.
Valoración; 3.



En Estados Unidos siguen presentes los disturbios raciales en el idílico Norte, tan ansiado por la comunidad de raza negra en pos de libertades pero topándose con una realidad que no es tal. Aquí se recrean los acontecimientos sucedidos hace cincuenta años en esta ciudad. Todo comenzó en un bar sin licencia y se convierte en una batalla campal entre las fuerzas diferentes del orden y los negros. Se estructura el film en tres partes. Una primera, la más interesante por su divulgación histórica, que muestra una ciudad en estado de sitio para luego centrarse en el meollo, desarrollando lo pasado en una habitación del motel Algiers en busca de un francotirador y una tercera parte donde asistimos a los diferentes juicios a los miembros de esas fuerzas y el devenir de los implicados en esos hechos. En todo momento la directora deja su huella con ese montaje y el dominio de la composición pero mide de manera fatal los tiempos y la segunda parte crea una tensión tan irrespirable produciéndome desinterés con unos personajes maniqueos poco reconocibles al salir de la sala de cine. Hay fallos de guión pues entre otras cosas es raro no encontrar el arma de fogueo como si se quisiera regodear en la violencia por la violencia para mostrar su oficio y dejar atrás la coherencia interna dando la sensación de manipular los hechos reales y crear una historia políticamente correcta y en que se le da mascado al espectador lo que desea ver. Lástima que los famosos hechos reales sirvan para contar lo deseable a la sociedad estadounidense actual o a los grupos anti Trump. Para colmo se alarga bastante en las dos últimas partes y los hechos casi ni interesan ni su devenir.