Después del sábado de comedias macabras, fantasmas carcelarios y zombis, el domingo 11 de octubre nos esperaba una jornada bastante más oscura. Monjas con problemas de sangre, militares perdidos en una selva que esconde algo ancestral, una maternidad convertida en pesadilla y una familia que demuestra que, a veces, el verdadero terror no necesita colmillos ni poderes sobrenaturales.
Cuatro películas, cuatro propuestas muy distintas y un balance con dos títulos que se quedaron muy lejos de convencerme, una experiencia bastante más interesante y otra que terminó en tierra de nadie. Sitges seguía en plena forma; mi capacidad para encontrar películas que me entusiasmaran, no tanto.
UPIRO: monjas, sangre y un vampiro que no respeta ni la clausura
Dirección: Óscar Martín
Países: España y Bélgica
Valoración personal: 2/10 (Madre mía)
Dirección: Óscar Martín
Países: España y Bélgica
Valoración personal: 2/10 (Madre mía)
Año 1755. Ana llega a un monasterio de clausura donde varias monjas sufren una extraña enfermedad de la sangre. El convento, que ya de por sí no parece el lugar más alegre para pasar una temporada, empieza a convertirse en el escenario de una investigación que mezcla religión, superstición, ciencia y una presencia maligna sedienta de sangre.
Con la ayuda de un franciscano poco convencional, la joven novicia descubrirá que detrás de los acontecimientos podría esconderse un upiro, una criatura vinculada a una antigua leyenda vampírica. La película se inspira en el primer caso de vampirismo documentado por la Iglesia católica en la península ibérica y propone un thriller histórico y sobrenatural ambientado en una España en la que la fe y la razón empiezan a mirarse con bastante desconfianza.
Óscar Martín, responsable de Amigo, vuelve al terreno del fantástico con una historia que tiene ingredientes muy atractivos: un monasterio aislado, una enfermedad misteriosa, una investigación religiosa y una criatura que parece empeñada en convertir la vida de las novicias en una auténtica pesadilla. En el reparto encontramos a Diego Anido, Pauline Brisy y María Galiana, entre otros.
Sobre el papel, hay material para construir una historia gótica con personalidad. El escenario religioso ofrece posibilidades visuales y narrativas, mientras que el choque entre la explicación científica y la sobrenatural puede dar mucho juego. Y la idea de recuperar una antigua leyenda de vampirismo vinculada a la península tiene, además, ese punto de curiosidad histórica que siempre resulta interesante.
Pero una cosa es tener buenos ingredientes y otra conseguir que el plato funcione. Mi experiencia con Upiro fue francamente decepcionante. La película no logró engancharme y se quedó muy lejos de lo que esperaba de una propuesta con semejante punto de partida.
No voy a fingir que salí de la sala con una lista de argumentos técnicos perfectamente ordenados para justificar cada punto perdido. A veces, sencillamente, una película no conecta contigo. Y cuando eso ocurre, ni un convento lleno de secretos ni un vampiro con siglos de historia consiguen obrar el milagro.
Fue una mezcla de factores: las premisas ridículas, algunas partes sacadas de las películas eróticas de los 70, tramos de sopor absoluto, un ritmo infernal y alguna idea que rezumaba vergüenza ajena. Media película pensando porqués infinitos desde pequeños detalles a tramas enteras. Me perdió pero sobre todo me indignó.
Empezábamos el domingo con una decepción considerable. Las monjas seguían encerradas, el monstruo seguía sediento de sangre y yo empezaba a preguntarme si la siguiente película conseguiría levantar la jornada. En Sitges, por suerte, siempre queda otra oportunidad.
EL DESPERTAR: si te pierdes en la selva, procura que no haya nada esperándote
Dirección: Jaime Osorio Márquez
País: Colombia
Valoración personal: 2/10
Dirección: Jaime Osorio Márquez
País: Colombia
Valoración personal: 2/10
Hace quinientos años, una expedición de conquistadores españoles desapareció en una selva latinoamericana después de encontrarse con una fuerza sobrenatural. En el presente, una unidad militar se adentra en ese mismo territorio para cumplir una misión aparentemente concreta: localizar y eliminar un objetivo enemigo.
Lo que debería ser una operación táctica acaba convirtiéndose en una lucha por la supervivencia cuando los soldados descubren que la amenaza ancestral continúa allí, esperando su momento. La selva deja de ser un simple escenario para transformarse en un territorio hostil en el que las reglas habituales ya no sirven de demasiado.
Dirigida por el colombiano Jaime Osorio Márquez, El despertar mezcla acción militar, terror y supervivencia. Su planteamiento remite inevitablemente a películas como Depredador: un grupo de hombres armados entra en un entorno desconocido y descubre que puede haber algo mucho más peligroso que cualquier enemigo humano.
El reparto está encabezado por Claudio Castaño, Alejandro Buitrago y Héctor Sánchez. La producción colombiana juega con la idea de que la selva conserva fuerzas antiguas que no entienden de fronteras, estrategias militares ni órdenes recibidas por radio. Cuando el enemigo es sobrenatural, tener un buen plan de operaciones puede servir exactamente de lo mismo que llevar un paraguas a un huracán.
La propuesta tiene una base que podría funcionar muy bien para el cine de género. El entorno selvático aporta aislamiento y amenaza; la presencia de una entidad ancestral añade un componente mitológico, y el grupo militar permite desarrollar una historia de tensión y supervivencia. Además, el encuentro entre el pasado colonial y el presente abre la puerta a una lectura que va más allá de la persecución y el susto.
Sin embargo la película fue otro tropiezo. El despertar no consiguió que su planteamiento se transformara en una experiencia satisfactoria y terminó acompañando a Upiro en la zona más baja de mi jornada y de prácticamente el festival entero.
Y eso que la premisa tenía posibilidades. El problema es que el cine de supervivencia necesita algo más que poner a un grupo de personajes en peligro: tiene que conseguir que te importe lo que les sucede, que sientas la amenaza y que cada nuevo giro te mantenga dentro de la historia. Si la conexión no se produce, la selva puede ser todo lo misteriosa que quiera, pero el espectador empieza a pensar en otras cosas. Y en este caso la iluminación no jugó a su favor, pasamos media cinta averiguando qué pasaba entre tanta oscuridad. Los saltos temporales aportaban más bien poco y se hizo bastante dolorosa.
Dos películas, dos decepciones. A estas alturas, el domingo necesitaba urgentemente una intervención sobrenatural, aunque fuera de las buenas. Y entonces llegó Nightborn.
NIGHTBORN: el bebé perfecto y la maternidad más terrorífica
Dirección: Hanna Bergholm
Países: Finlandia, Reino Unido, Lituania y Francia
Valoración personal: 6/10
Dirección: Hanna Bergholm
Países: Finlandia, Reino Unido, Lituania y Francia
Valoración personal: 6/10
Saga y Jon sueñan con formar una familia y se mudan a la casa donde ella creció, en mitad de los bosques finlandeses. Hasta aquí, todo parece bastante idílico: una casa rodeada de naturaleza, una nueva etapa y la llegada de un bebé. Pero el deseo de tener un hijo perfecto empieza a transformarse en una auténtica pesadilla.
Tras el nacimiento, Saga percibe algo aterrador que quienes la rodean parecen incapaces de ver. Mientras todos intentan tranquilizarla, ella está convencida de que hay algo profundamente equivocado. Y cuanto más intenta explicar lo que sucede, más aislada se siente.
La directora finlandesa Hanna Bergholm, que ya pasó por Sitges con Ego, vuelve al terror con una historia que aborda la maternidad, las expectativas familiares y la depresión posparto desde el terreno del folk horror. El reparto reúne a Seidi Haarla, Rupert Grint y Pamela Tola, en una coproducción europea que combina el horror doméstico con una atmósfera inquietante.
La idea de que el nacimiento de un hijo, que socialmente suele presentarse como uno de los momentos más felices de la vida, pueda convertirse en el comienzo de una pesadilla tiene una fuerza evidente. La película juega con algo muy reconocible: la presión por cumplir las expectativas de los demás, el miedo a no estar a la altura y la dificultad de expresar lo que uno siente cuando todo el mundo espera que estés feliz.
El terror funciona especialmente bien cuando se mete en espacios que deberían ser seguros. Una casa familiar, una habitación infantil o la imagen de unos padres con su bebé pueden resultar mucho más perturbadoras si algo empieza a no encajar. No hace falta trasladar la acción a una mansión encantada cuando puedes convertir la propia vida cotidiana en una fuente de angustia.
Mi valoración de Nightborn fue bastante mejor que la de las dos películas anteriores. La propuesta me resultó más interesante y su combinación de maternidad, inquietud psicológica y terror tiene suficiente personalidad como para destacar dentro de la jornada.
Me gustó mucho cómo contaba una historia sobre depresión post parto desdibujada con el folk horror. Escenas potentes, un feminismo subyacente y una crítica a todo el sistema familiar que me hizo entrar de lleno. Muchos a la salida comentaban que habían conectado más con Ego, su anterior cinta. Todos ellos no han sido padres. Eso es un hecho. Si eres capaz de conectar con ese nicho, adelante. Más negra, más madura, más inquietante que la historia del huevo y mucho mejor jugado el momento de la revelación.
Hay una premisa sugerente y un enfoque temático que se sale del terror más convencional, aunque en mi balance personal no llegó a convertirse en una película redonda pero si interesante y que analizaremos más a fondo en nuestra peculiar sección de maternidad y cine.
En cualquier caso, fue un cambio de aires muy necesario después de la doble decepción inicial. Y, por supuesto, una advertencia para futuros padres: si os mudáis a una casa en medio de un bosque finlandés y empezáis a sospechar que vuestro bebé esconde algo inquietante, quizá convenga pedir una segunda opinión y no sigáis los consejos de Ron.
LAS HIJAS: la familia perfecta esconde demasiados secretos
Dirección: Daniel Romero
Países: España y Reino Unido
Valoración personal: 5/10
Ane tiene veinte años y una vida marcada por una pérdida familiar. Después de una noche complicada, termina secuestrada y despierta en una casa aislada en medio del bosque. Allí viven otras tres jóvenes que la reciben con amabilidad y se comportan como si fueran las hijas del hombre que las mantiene retenidas.
Lo inquietante es que ellas parecen haberse acostumbrado a esa situación. La casa funciona como una comunidad cerrada, con sus propias normas y una idea muy particular de lo que significa pertenecer a una familia. Ane tendrá que comprender qué ha ocurrido, cómo han llegado las demás hasta allí y hasta qué punto el aislamiento ha transformado su manera de entender el mundo.
El debut en el largometraje de Daniel Romero parte de un thriller psicológico sobre el secuestro, la manipulación y los mecanismos que permiten que una persona termine normalizando una situación de abuso. El reparto incluye a Ainara Elejalde, Jone Laspiur, Edurne Azkarate, Ainhoa Larrañaga y Karra Elejalde, que interpreta al secuestrador. La producción combina el thriller con elementos de terror doméstico y una atmósfera opresiva.
La premisa tiene un punto especialmente perturbador porque no necesita recurrir a una criatura fantástica para resultar aterradora. El horror surge de una situación humana llevada al extremo: alguien secuestra a varias jóvenes y consigue construir una especie de familia alrededor de ellas. La convivencia, las rutinas y la apariencia de normalidad se convierten en parte de la trampa.
También resulta interesante la idea de que las víctimas puedan llegar a interiorizar las reglas del lugar en el que viven. La película plantea preguntas sobre el aislamiento, la manipulación psicológica y la necesidad de pertenecer a un grupo, incluso cuando ese grupo se sostiene sobre una situación profundamente perversa.
Con todo, Las hijas se quedó para mí en un punto intermedio. Su planteamiento me parece más interesante que el resultado que consiguió ofrecerme, y la atmósfera de encierro tiene suficiente fuerza como para mantener la curiosidad. ¿El problema? La existencia de la película húngara que ganó el año pasado el festival: Feels like home. Mismo punto de partida, parecido desarrollo pero con un millón más de capas, trasfondo político y ritmo.
El problema es que una premisa inquietante no siempre basta para que una película termine de funcionar. En un thriller de este tipo, la tensión necesita crecer de forma convincente y los personajes deben conseguir que el espectador se implique en lo que les sucede. En mi caso, la experiencia se quedó a medio camino.
Aun así, Las hijas cierra la jornada con una propuesta que se mueve en un terreno especialmente incómodo: el de las familias construidas sobre el control y la violencia, y el de quienes terminan aceptando como normal aquello que jamás debería serlo.
Balance del domingo: dos tropiezos, una mejora y un final a medio camino
El domingo terminó con un balance irregular. Upiro y El despertar fueron las grandes decepciones de la jornada; Nightborn consiguió levantar el nivel con una propuesta de terror psicológico y maternidad inquietante, mientras que Las hijas se quedó en un término medio.Fue un día de contrastes, con películas que partían de ideas interesantes pero no siempre conseguían convertirlas en una experiencia satisfactoria. Y eso también forma parte del festival: descubrir propuestas que funcionan, encontrarse con otras que no conectan contigo y seguir adelante sin permitir que dos sesiones torcidas te arruinen las ganas de entrar en la siguiente sala.
Y, a veces, lo verdaderamente terrorífico es comprobar que todavía quedan muchas películas por ver.
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