Sitges 2026 - Día 2: Kevin Bacon en familia, fantasmas carcelarios y zombis con muy malas pulgas

Después de la primera jornada, tocaba volver a la carga. El sábado 10 de octubre nos esperaba otro menú de esos que solo pueden servirse en Sitges: una familia que convierte el rodaje de una película de terror en una pesadilla real, una sesión de cortometrajes, una cárcel indonesia con un problema bastante más serio que el hacinamiento y un brote zombi que demuestra que acudir a un congreso científico no siempre es una buena idea.


Cuatro sesiones para seguir acumulando horas de cine fantástico, con tres largometrajes que terminaron compartiendo nota: un 6 sobre 10. No hubo ninguna catástrofe cinematográfica, pero tampoco una revelación que nos hiciera salir corriendo a recomendarla a todo el mundo. Vamos, un sábado bastante digno, que tampoco está nada mal.

FAMILY MOVIE: los Bacon se juntan para montar una buena carnicería
Dirección: Kevin Bacon y Kyra Sedgwick
País: Estados Unidos
Valoración personal: 6/10

Hay familias que se reúnen para celebrar la Navidad, otras que se juntan para discutir por la herencia y algunas que deciden ponerse a rodar una película de terror de bajo presupuesto. Los Bacon pertenecen claramente al tercer grupo.

Family Movie es una comedia de terror dirigida por Kevin Bacon junto a su mujer, Kyra Sedgwick, y protagonizada por ambos con sus hijos, Sosie y Travis Bacon. La película gira alrededor de una familia dedicada al cine de género que está rodando un slasher cuando aparece un cadáver en el plató. Y, claro, una cosa es tener un presupuesto ajustado y otra muy distinta tener que gestionar un muerto mientras intentas terminar la película, sobre todo cuando alguien tiene que ver con esa muerte. 

La premisa juega con la frontera entre ficción y realidad, y lo hace desde una perspectiva especialmente divertida: la familia interpreta a una familia de cineastas, con todo lo que eso implica cuando el proyecto se complica y los problemas empiezan a parecerse demasiado a una película de terror de verdad.

Además, el componente familiar no es precisamente un truco publicitario. Kevin Bacon y Kyra Sedgwick comparten aquí dirección, mientras que sus hijos participan en el proyecto. Digamos para ser sutiles que no es que sean los mejores actores del mundo. El resultado tiene ese punto de cine hecho entre amigos —en este caso, amigos que comparten apellido y árbol genealógico— que encaja muy bien con el espíritu del fantástico.

Y si alguien tenía dudas de si Kevin Bacon sabía lo que hacía en el género, conviene recordar que su carrera incluye títulos como Viernes 13, Temblores y El último escalón. No es precisamente un recién llegado al asunto de las cosas que acechan en la oscuridad.

Una valoración positiva, aunque sin llegar a la categoría de acontecimiento cinematográfico. La idea de una familia real que se reúne para hacer una película sobre una familia de cineastas es suficientemente atractiva como para despertar la curiosidad, y el planteamiento permite jugar con el humor negro y las referencias al propio mundo del cine. Pasas un buen rato y es resultona. Fue una forma estupenda de arrancar la jornada con una propuesta que mezcla terror y comedia sin tomarse demasiado en serio.

CORTOS OF II: una sesión para cambiar de formato sin abandonar el fantástico
Sesión de cortometrajes de la Sección Oficial Fantàstic

Después de Family Movie, tocaba cambiar el largometraje por una sesión de cortos. Dos horas y veintiséis minutos de proyección para descubrir historias que, por su propia naturaleza, tienen que jugar con otras reglas: menos tiempo para presentar personajes, construir una atmósfera, desarrollar una idea y conseguir que el espectador entre en el universo que le proponen.

El cortometraje tiene algo especialmente interesante dentro de un festival como Sitges. Es un formato en el que se pueden encontrar propuestas experimentales, ideas que quizá no darían para una película de hora y media y cineastas que se atreven a explorar caminos distintos. También es un terreno donde el riesgo creativo puede ir por delante de la necesidad de ofrecer una historia convencional.

En una jornada cargada de largometrajes, estas sesiones sirven además para romper el ritmo y recordar que el fantástico no vive únicamente de grandes producciones, nombres conocidos y criaturas con presupuestos millonarios. A veces, una idea bien planteada en pocos minutos puede dejar más huella que una película entera.

Todos cortos patrios, bastante resultones con especial mención a El moribundo que consiguió también palmarés oficial. 

Porque en Sitges uno puede tener sus preferencias, sus directores fetiche y sus géneros favoritos, pero también hay que dejar espacio para la sorpresa. Y, si algo tiene el formato corto, es que puede sorprenderte cuando menos te lo esperas. Y además la programación tampoco nos dejó muchas opciones aunque resultó redonda.

GHOST IN THE CELL: una cárcel, cadáveres macabros y un fantasma que no respeta las normas
Dirección: Joko Anwar
Países: Indonesia y Corea del Sur
Valoración personal: 6/10


Si hay un lugar donde nadie quiere encontrarse con un fantasma, probablemente sea una cárcel de máxima seguridad. No es que las instalaciones penitenciarias sean precisamente un destino de vacaciones, pero añadir una presencia sobrenatural a la convivencia entre reclusos no parece la mejor idea para mejorar el ambiente.

Ghost in the Cell, del cineasta indonesio Joko Anwar, arranca con una serie de asesinatos espeluznantes en una prisión. Los cadáveres aparecen colocados de formas macabras y, mientras el miedo se extiende, los internos tienen que unir fuerzas para enfrentarse a una presencia invisible que parece estar detrás de todo.
Hasta aquí, podríamos pensar que estamos ante una película carcelaria con elementos sobrenaturales. Pero Joko Anwar no parece especialmente interesado en quedarse dentro de una sola casilla. La película mezcla terror, acción, humor negro y sátira social, con números de baile inesperados, peleas cuerpo a cuerpo y hasta referencias filosóficas a Kierkegaard.

Sí, Kierkegaard. Porque cuando estás encerrado en una prisión y empiezan a aparecer cadáveres de formas inexplicables, quizá lo más razonable sea plantearte las grandes preguntas de la existencia. O salir corriendo. Cada cual gestiona el apocalipsis como puede.

La película cuenta con Abimana Aryasatya, Endy Arfian y Bront Palarae, y utiliza la situación extrema de la prisión para hablar de los conflictos sociopolíticos de Indonesia. La violencia y el disparate no están ahí únicamente para provocar una reacción, sino que forman parte de una mirada más amplia sobre la sociedad y sus contradicciones.

La mezcla de géneros y la premisa resultan llamativas, y es precisamente esa capacidad para cambiar de registro lo que hace que Ghost in the Cell despierte curiosidad. No es una película que parezca dispuesta a seguir un camino convencional, y eso siempre tiene su atractivo en un festival donde buena parte de la diversión consiste en descubrir qué va a suceder.


Eso sí, que una película sea inclasificable no significa automáticamente que todo funcione a la perfección. A pesar del 6 debo reconocer que fue una de mis favoritas por el jolgorio festivo. En cualquier caso, Joko Anwar vuelve a demostrar que el cine de género puede utilizar el terror y la violencia como herramientas para hablar de algo más que monstruos. Y si, de paso, consigue que una prisión parezca un lugar todavía menos apetecible, pues misión cumplida.

Mis dieces a la escena de la ducha y de la clase de baile. Muy loco todo.

COLONY: el director de TRAIN TO BUSAN vuelve a jugar con los zombis
Dirección: Yeon Sang-ho
País: Corea del Sur
Valoración personal: 6/10

Cerramos el sábado con una de las propuestas que más curiosidad despertaban entre los aficionados al cine zombi: Colony, también conocida como Zona cero, dirigida por Yeon Sang-ho, el responsable de Train to Busan.

La historia comienza en un congreso científico al que acude Se-jeong, profesora de biotecnología. Lo que debería ser una reunión profesional relativamente normal acaba convirtiéndose en una catástrofe cuando se libera un virus que muta a gran velocidad. Los infectados empiezan a transformarse y las autoridades deciden sellar el recinto, dejando atrapadas a las personas que todavía no han sido alcanzadas por la infección.

Un espacio cerrado, un virus que no deja de evolucionar y un grupo de supervivientes que tiene que encontrar la manera de escapar. El menú es reconocible para cualquier aficionado al género, pero Yeon Sang-ho sabe que la gracia de una película de zombis no está únicamente en cuántos muertos vivientes aparecen en pantalla, sino en cómo se organiza el caos cuando todo empieza a desmoronarse.

El director regresa así a un territorio que conoce muy bien. Train to Busan se convirtió en una referencia del cine zombi contemporáneo gracias a su capacidad para combinar acción, tensión y drama humano. En Colony vuelve a apostar por la supervivencia a contrarreloj, con una amenaza que crece y se transforma a medida que los personajes intentan comprender qué está sucediendo.

El reparto está encabezado por Jun Ji-hyun, Koo Kyo-hwan y Ji Chang-wook, tres nombres destacados del cine y la televisión surcoreanos. La película apuesta por el espectáculo y la acción, con los infectados como una amenaza que obliga a los supervivientes a reaccionar constantemente.
La película me funcionó, aunque sin alcanzar la categoría de imprescindible. La premisa no es precisamente la más revolucionaria del género: otra infección, otra situación límite y otro grupo de personas que descubre que el ser humano puede convertirse en un problema incluso antes de que aparezcan los zombis. Pero lo cuenta taaaan guay.

Pero la originalidad no lo es todo pero sus dos ideas nuevas aterrizan perfectamente. En el cine de terror y acción también cuentan la puesta en escena, el ritmo y la capacidad para mantener la tensión. Y Colony tiene un punto de partida que permite jugar con todo ello, aunque mi valoración final se quede en un aprobado cómodo.

Si Train to Busan puso el listón muy alto, es inevitable que cualquier nueva incursión de su director en el género llegue acompañada de expectativas. El problema de tener una película tan celebrada en tu filmografía es que el público no siempre te deja empezar de cero: cada nueva propuesta tiene que medirse, de una manera u otra, con aquel título que tanto nos gustó.

Balance del sábado: tres aprobados y muchas ganas de seguir

El sábado terminó con tres largometrajes valorados con un 6 sobre 10: Family Movie, Ghost in the Cell y Colony. Una jornada bastante equilibrada, con propuestas muy diferentes entre sí, desde la comedia de terror familiar hasta la sátira carcelaria y el cine zombi de supervivencia.

No hubo notas sobresalientes, pero tampoco grandes batacazos. Después del viernes, con Leviticus como mi película mejor valorada y dos títulos que se quedaron bastante por debajo de las expectativas, el sábado tuvo un balance más regular.

Y eso también forma parte de Sitges. No todos los días se descubren películas que te acompañan durante años, ni todos los títulos que llegan con grandes nombres detrás terminan convirtiéndose en favoritos personales. A veces basta con disfrutar de una buena idea, dejarse llevar por una propuesta distinta y salir de la sala con la sensación de que el viaje ha merecido la pena.

Con cuatro sesiones a nuestras espaldas y muchas más películas todavía por delante, tocaba descansar lo justo y preparar el siguiente asalto. Porque en Sitges el tiempo entre proyecciones es limitado, las colas no esperan y siempre hay otra película dispuesta a demostrarte que el fantástico todavía tiene mucho que ofrecer.

Y nosotros seguimos cayendo en la trampa. Felizmente.

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