Cinco películas para rematar nuestra aventura festivalera, una última jornada de esas en las que intentas aprovechar hasta el último minuto y la previsión de tener que salir disparados de la sala al acabar la última sesión para llegar a Barcelona y coger el tren de vuelta.
Lo que no sabíamos es que el verdadero terror no estaba en la pantalla. Bueno, sí lo sabíamos un poco, porque Renfe ya nos había dado una buena dosis durante el viaje de ida. Pero no adelantemos acontecimientos, que antes había que sobrevivir a vampiros, criaturas infantiles y alguna que otra propuesta que parecía empeñada en poner a prueba nuestra paciencia.
5 minutos más: una escapada rural que se convierte en algo extraordinario
Dirección: Javier Ruiz Caldera
País: España
Valoración personal: 8/10
Una pareja atrapada en una espiral de discusiones decide pasar un fin de semana en una casa rural aislada para intentar reconducir su relación. A su llegada, el representante de la agencia de alquiler les enseña la vivienda y les entrega las llaves. Hasta aquí, una escapada bastante convencional. El problema es que las cosas empiezan a torcerse y la pareja acaba enfrentándose a una situación extraordinaria que les obliga a tomar decisiones que jamás habrían imaginado.
La película reúne a Javier Cámara, Berto Romero y Belén Cuesta, una combinación que ya invita a pensar en una comedia con personalidad propia. El guion corre a cargo del propio Berto Romero, mientras que la dirección es de Javier Ruiz Caldera, un cineasta que conoce bien el terreno de la comedia fantástica y que ya había pasado por Sitges con Malnazidos.
Lo interesante de una historia así es cómo parte de una situación reconocible para llevarla progresivamente a un terreno mucho más extraño. Una pareja que no se soporta demasiado ya tiene sus propios problemas, pero cuando el universo decide complicarles todavía más la existencia, las discusiones domésticas pueden acabar siendo el menor de sus males.
Y aquí está una de las claves de la película: la premisa permite jugar con el humor, la ciencia ficción y las dinámicas de pareja sin quedarse encerrada en un solo registro. Además, tener a Berto Romero implicado en el guion hace que uno espere ese tipo de humor que surge cuando los personajes se ven superados por circunstancias que no saben gestionar.
Para mí, fue una manera estupenda de arrancar el último día. Tiene ese punto de entretenimiento que agradeces cuando llevas varias jornadas de festival acumuladas y necesitas una película que te haga entrar en su juego. El reparto ayuda, el planteamiento tiene gancho y la mezcla de géneros le da personalidad. No hace falta que cada película de Sitges sea una obra maestra del horror extremo: a veces también se agradece una propuesta que sabe divertirse con sus propias reglas. Reglas que son sencillas y están magnifica mente explicadas en la película.
Y si además te deja con ganas de comentar lo que acaba de pasar al salir de la sala, mejor que mejor. Porque en un festival también se viene a disfrutar, y esta fue una de las películas que más me hicieron disfrutar de la recta final. Llega a cines en enero y es mi recomendación absoluta para todos vosotros.
The Ones Who Grieve: una granja, una epidemia y una fe convertida en crueldad
Dirección: Quarxx
País: Francia
Valoración personal: 5/10
A finales del siglo XIX, Zélie vive en una granja aislada bajo la autoridad de su padre, un hombre profundamente religioso que pretende purgar las almas humanas mediante métodos sádicos. Mientras una misteriosa enfermedad conocida como el Velo Negro se extiende por la región, la frontera entre la fe y la locura empieza a desdibujarse. Zélie tendrá que luchar para conservar su humanidad en un entorno en el que la violencia se presenta como una forma de salvación.
Quarxx, artista multimedia que también trabaja con la fotografía y la pintura, plantea una historia oscura en la que se mezclan la superstición, la enfermedad y el fanatismo religioso. La película se mueve en un terreno especialmente fértil para el cine de terror: una comunidad aislada, una amenaza que nadie termina de comprender y unas creencias que pueden convertirse en una justificación para cometer auténticas atrocidades.
La granja funciona como una especie de mundo cerrado, un lugar en el que las normas impuestas por la autoridad familiar y religiosa pesan tanto como la enfermedad que amenaza desde fuera. En estas circunstancias, el miedo no procede únicamente de lo desconocido, sino también de quienes aseguran tener todas las respuestas. Cuando alguien está convencido de actuar en nombre de una verdad absoluta, puede llegar a justificar cualquier cosa.
La película tiene una atmósfera sombría y una premisa que permite reflexionar sobre la relación entre la ciencia y la superstición. Sin embargo, una historia tan cargada de sufrimiento necesita encontrar un equilibrio entre su dureza y la capacidad de implicar al espectador. No basta con acumular oscuridad: hace falta que todo ese sufrimiento construya una experiencia que tenga verdadero recorrido.
En mi caso, la propuesta se quedó a medio camino. Hay elementos interesantes y una ambientación que encaja bien con el tipo de horror que busca, pero no terminó de conquistarme. Es una de esas películas que puedes valorar por su planteamiento y por el universo que intenta construir sin que eso signifique que la experiencia completa funcione igual de bien.
Después de tantos días de festival, también se nota cuándo una película consigue llevarte de la mano y cuándo te deja algo más distante. The Ones Who Grieve me dejó esa sensación intermedia: tiene cosas que comentar, pero a ratos me resultó tediosa.
Buddy: el unicornio naranja que convierte la televisión infantil en una pesadilla
Dirección: Casper Kelly
País: Estados Unidos
Valoración personal: 3/10
Dirección: Casper Kelly
País: Estados Unidos
Valoración personal: 3/10
A finales de los años noventa, un grupo de niños pasa los días cantando y bailando en el universo de It’s Buddy!, un programa infantil presentado por un brillante unicornio naranja que vive en un club extravagante. Todo parece formar parte de ese mundo televisivo alegre, colorido y diseñado para entretener a los más pequeños. Pero cuando uno de los niños se niega a seguir el juego, empiezan a aparecer grietas en esa realidad aparentemente perfecta.
Casper Kelly, conocido por su humor retorcido y por su trabajo en el terror televisivo, propone una mezcla de estética infantil y horror extremo. El reparto incluye a Cristin Milioti y Keegan-Michael Key, dos nombres que aportan un atractivo adicional a una película que juega con la incomodidad de ver cómo algo concebido para niños se transforma en una experiencia siniestra.
La idea de utilizar un programa infantil como escenario de una pesadilla tiene mucho potencial. Los colores chillones, las canciones pegadizas y los personajes exageradamente amables pueden resultar mucho más inquietantes cuando algo empieza a fallar. El contraste entre la apariencia inocente y lo que se esconde debajo es una herramienta muy eficaz para generar horror, y el cine de género lleva años demostrando que las marionetas, los muñecos y las mascotas sonrientes pueden dar bastante más miedo que muchas criaturas diseñadas expresamente para asustar. Esto flipó mucho a los asistentes pero hace dos años ya llegó algo parecido con Mr Crocket, que igualmente me dió lo mismo absolutamente aunque era un poco más siniestra.
Una propuesta de este tipo necesita que el humor negro, la violencia y la progresiva deformación de ese mundo infantil encuentren un ritmo que permita mantener el interés. Si el disparate no conecta contigo, el efecto puede quedarse en una sucesión de provocaciones que no terminan de producir el resultado esperado. Y entiendo que muchos celebrarán la ocurrencia pero a mí no me aportó nada. A los señores del jurado también les llegó porque le dieron el premio al mejor guion así que puede ser que sea yo la persona que se equivoca en este caso.
En una edición de Sitges llena de propuestas que intentan sorprender mediante mezclas imposibles, Buddy me dejó más frío de lo que esperaba. Y eso que la idea de un presentador infantil que esconde algo terrible detrás de su sonrisa parecía una apuesta bastante segura para el festival.
Dirección: Kasper Kalle Skovsbøl
País: Dinamarca e Islandia
Valoración personal: 4/10
País: Dinamarca e Islandia
Valoración personal: 4/10
En las islas Feroe del siglo XIX, Baldur intenta ganarse la vida como pescador. Su mundo cambia cuando conoce a Helge, un misterioso ballenero por quien siente una atracción inesperada. Mientras la relación entre ambos empieza a crecer, una serie de muertes violentas sacude la región y amenaza con poner en peligro tanto su romance como la seguridad de la comunidad. La película combina el drama romántico con el terror vampírico, el folk horror y una marcada estética gótica.
La propuesta tiene varios ingredientes interesantes. Por un lado, sitúa la historia en un entorno geográfico y cultural que no solemos ver tan a menudo en el cine de vampiros. Por otro, introduce una relación amorosa queer en un contexto histórico en el que la atracción entre dos hombres no podía vivirse con la misma libertad que hoy. A todo ello se suma una amenaza sobrenatural que convierte el paisaje y el aislamiento en elementos fundamentales del relato. Y no voy a negar que sus dos protagonistas eran auténticas bellezas.
El ambiente promete mucho: el mar, las comunidades pequeñas, la dureza de la vida de los pescadores y esa sensación de que el mundo exterior está muy lejos. El vampirismo puede funcionar aquí como una metáfora de los deseos prohibidos, del miedo a lo diferente y de aquello que una sociedad intenta ocultar. No es necesario reinventar por completo el mito para encontrar nuevas posibilidades; a veces basta con cambiar el contexto y observar cómo se transforma.
La película apuesta por una sensibilidad más melancólica que puramente terrorífica. No se trata únicamente de descubrir quién está detrás de las muertes, sino de observar cómo una relación sentimental se ve amenazada por fuerzas que van más allá de los propios personajes. El componente romántico y el trasfondo gótico son, sobre el papel, una combinación atractiva.
Sin embargo la película no terminó de encontrar el equilibrio que necesitaba. La atmósfera y el planteamiento tienen interés, pero me faltó una conexión más intensa con la historia. Hay propuestas que consiguen que el espectador se sumerja por completo en su universo y otras que, aun teniendo elementos valiosos, mantienen cierta distancia.
No Rest for the Wicked se quedó en esa segunda categoría para mí. Tiene una identidad clara y una mezcla de géneros que se sale de lo más convencional, pero no llegó a emocionarme ni a inquietarme tanto como esperaba. Una lástima, porque el escenario y el punto de partida ofrecían posibilidades para una historia de vampiros bastante diferente.
Spacetime Chronicles: un viaje surrealista entre los sueños, la identidad y el limbo
Dirección: Stefano Bertelli
País: Italia
Valoración personal: 1/10
Dirección: Stefano Bertelli
País: Italia
Valoración personal: 1/10
Para cerrar la parte cinematográfica de nuestra aventura, nos esperaba una propuesta de animación muy distinta al resto de la jornada. Spacetime Chronicles, debut en el largometraje de Stefano Bertelli, sigue el viaje interior de Fred, un hombre suspendido entre la realidad, los sueños y una especie de limbo. Su recorrido está guiado por Freud, un gato que representa su subconsciente, mientras una sucesión de episodios oníricos construye una reflexión sobre las dudas existenciales, la identidad y la búsqueda de sentido. Si me lo preguntas es una ida de olla grandilocuente, narcisista y pesada.
Bertelli procede del mundo de la animación stop motion y ha trabajado en vídeos musicales para artistas como Eminem, Pink Floyd y Robbie Williams. Esa experiencia se traduce en una propuesta visual que busca alejarse de las formas más convencionales de la animación y acercarse a un universo surrealista, construido a partir de imágenes, símbolos y situaciones que responden más a la lógica de los sueños que a la de una narración tradicional.
La película plantea que la vida no consiste necesariamente en alcanzar un destino, sino en recorrer un camino lleno de incertidumbres y pequeños momentos de belleza. Es una idea que, bien desarrollada, puede dar lugar a una experiencia poética y sugerente. La animación permite explorar estados mentales y espacios imposibles con una libertad que el cine de imagen real no siempre puede conseguir de la misma manera.
Pero el cine experimental tiene una dificultad importante: la libertad formal necesita encontrar una manera de conectar con el espectador. No basta con presentar imágenes extrañas y acompañarlas de reflexiones profundas; hace falta que la propuesta consiga transmitir algo, aunque no lo haga a través de una narración convencional. De lo contrario, el espectador puede acabar sintiendo que está contemplando un ejercicio estético cuyo significado se le escapa. Al final un montón de papelitos explotando a cámara lenta no justifican una película largometraje.
Y aquí llegó el gran tropiezo de mi último día. Spacetime Chronicles no consiguió conectar con nadie y fue el farolillo rojo de la edición . Su planteamiento surrealista y su voluntad de profundizar en cuestiones existenciales no fueron suficientes para mantener mi interés. Entiendo la intención de construir un viaje interior mediante imágenes y símbolos, pero la experiencia no me funcionó.
Es una de esas ocasiones en las que puedes reconocer que hay una búsqueda artística detrás de una película y, aun así, no disfrutarla prácticamente nada. En un festival tan variado como Sitges, eso también forma parte de la experiencia: no todo va a encajar con tus gustos, y algunas propuestas se convierten en un ejercicio de resistencia más que en un descubrimiento.
Así que sí, terminé el festival con una película que se me hizo especialmente cuesta arriba. Después de tantas sesiones, uno espera que la última deje algún recuerdo positivo. En este caso, el recuerdo fue, sobre todo, la necesidad de que terminara para empezar a pensar en el viaje de vuelta. Y es el segundo año que elegimos la peor película del festival para acabar la estancia. Lo hacemos fatal.
El auténtico terror de Sitges 2026: Renfe, la película que nadie pidió
Y ahora sí, llegamos al verdadero final de nuestra aventura. Porque se suponía que, después de la última película, teníamos que salir corriendo para llegar a Barcelona y coger el tren. Ese era el plan. Un plan sencillo, razonable y basado en la ingenua idea de que el transporte ferroviario iba a colaborar.
Pero Renfe ya había empezado a escribir su propio guion de terror durante el viaje de ida. El Rodalies se quedó parado durante dos horas, regalándonos una primera sesión de suspense ferroviario en la que nadie sabía muy bien cuándo iba a continuar la historia ni cuál sería el desenlace.
Y la vuelta tampoco decepcionó. Un tren se incendió en la zona de Ricla, en Zaragoza, y la circulación de alta velocidad entre Madrid y Barcelona quedó interrumpida durante horas. La incidencia provocó retrasos, cancelaciones y un auténtico quebradero de cabeza para miles de viajeros.
Eso sí, tuvimos la suerte relativa de que nuestro viaje no fue tan terrible como el de quienes quedaron atrapados el día anterior. Aquello sí que fue una auténtica pesadilla. En nuestro caso, al menos, ya sabíamos que no iba a servir de nada salir corriendo de la última película: lo más probable era que nos tocara pasar un buen rato en Barcelona hasta que consiguiéramos salir de allí.
Así que pudimos despedirnos de Sitges sin la presión de tener que hacer una carrera contrarreloj hasta la estación. El festival nos había dado cinco películas para cerrar la experiencia y Renfe se encargó de añadir una sexta, sin entrada, sin director acreditado y sin que nadie la hubiera pedido.
Porque vamos a ver: con todo lo que hemos visto estos días, ¿cómo no va a salir alguien a hacer una película de terror sobre Renfe? Un tren detenido en mitad de la nada, pasajeros que no saben cuándo llegarán a su destino, información que aparece y desaparece, horarios que se convierten en ciencia ficción y una voz por megafonía que podría anunciar cualquier cosa sin que nadie se atreviera a darla por cierta.
Ahí lo dejo. Que lo recoja quien quiera.
Balance final
Y así termina nuestra crónica de Sitges 2026: con películas que nos han sorprendido, otras que nos han dejado fríos, alguna que nos ha hecho disfrutar de verdad y unas cuantas que probablemente recordaremos más por la conversación posterior que por lo que sucedía en pantalla.El último día tuvo de todo: una comedia fantástica que me dejó muy buen sabor de boca, terror gótico, un unicornio inquietante, vampiros románticos y una propuesta experimental que no consiguió conquistarme. Un cierre variado, muy de festival, con la sensación de haber exprimido hasta el último minuto.
Y después, el epílogo ferroviario. Porque puedes pasarte días viendo monstruos, asesinos, fantasmas y criaturas imposibles, pero nada te prepara del todo para descubrir que tu mayor enemigo al salir del cine puede ser el panel de salidas de una estación.
Nos despedimos de Sitges con ganas de volver, con muchas películas que comentar y con una conclusión bastante clara: el año que viene podemos repetir el festival, las sesiones dobles y las maratones. Lo de repetir la experiencia Renfe, si puede ser, nos lo ahorramos.
Fin de la crónica. Que empiece la cuenta atrás para el próximo Sitges.
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